Solo queda un hormigueo en los dedos, una brisa en la cara, muchas imágenes difuminadas. Un bosque visto desde la ventana del tren en el que no se distinguen árboles. Un eclipse tras la niebla, la luz de las farolas tras las lagrimas. El olor de la pólvora una vez todo ha explotado y el hielo en el pecho, que ahoga. 29 de abril de 2019
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